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En el PRI Guerrero descubren que la mejor forma de renovar al partido… es reelegirse


Grupo Mileño  

Chilpancingo, Gro. — En un acto que confirma la profunda vocación renovadora del Partido Revolucionario Institucional (sarcasmo) el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Guerrero, Alejandro Bravo Abarca, solicitó licencia a su cargo para buscar, con admirable espíritu democrático (más sarcasmo), la reelección al frente del mismo partido para el periodo 2026-2030.

La decisión fue anunciada por el propio dirigente la noche del lunes 16 a través de su página de Facebook, donde compartió el oficio dirigido al presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, informando que se separa temporalmente del cargo para cumplir con los requisitos de la convocatoria interna. 

Porque si algo distingue a los procesos internos del PRI es su escrupuloso respeto a las formas… aunque el fondo siga siendo el mismo de siempre.

“Esta noche, he solicitado licencia al cargo de Presidente del CDE PRI Guerrero… con la finalidad de cumplir los requisitos y participar en el proceso ordinario de elección”, escribió Bravo Abarca, demostrando que en el partido tricolor la palabra ordinario describe perfectamente la escena: dirigentes que se separan del cargo para volver a competir por el mismo puesto que ya ocupan.

La licencia, según explicó, forma parte del cumplimiento de la convocatoria del proceso interno y de una “reconfiguración” del partido rumbo a los retos electorales de 2027. 

Una reconfiguración que, fiel a la tradición priista, parece consistir principalmente en mover la misma pieza unos centímetros para que vuelva a quedar en el mismo lugar.

En los pasillos políticos, la escena resulta familiar: el viejo ritual del dirigente que suelta el hueso… pero solo lo suficiente para acomodarlo mejor en la mordida siguiente. 

Algo así como esos dinosaurios políticos que, cuando parece que por fin van a soltar el hueso, en realidad ya están buscando uno más grande, aunque apenas les quepa en la boca.

Y es que en el PRI, partido con décadas de experiencia en la administración del poder —y del apetito político—, la permanencia es casi un valor institucional. 

Cambiar de silla, brincar de cargo o quedarse en el mismo el mayor tiempo posible forma parte del ecosistema natural del tricolor, donde el chapulineo y el altar político conviven con la misma naturalidad que los discursos sobre renovación.

Mientras tanto, los militantes y electores observan este nuevo capítulo de la vida interna del partido con la tranquilidad que da la costumbre. 

Porque si algo ha sido constante en la política priista es la capacidad de reinventarse… sin dejar de ser exactamente lo mismo.

Así, con licencia en mano y la mira puesta en el mismo cargo, Alejandro Bravo Abarca inicia formalmente su camino rumbo a la reelección. 

Un proceso que promete ser histórico, sobre todo porque confirma una vieja máxima de la política mexicana: en el PRI el futuro siempre llega… pero curiosamente se parece muchísimo al pasado.

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